Las trece rosas: (Reeditada, publicada 2007)
"Que mi nombre no se borre de la historia"
Fotografías de Adriano Castro

La película se estrena el 19 de octubre 2007
Director: Emilio Martínez-Lázaro
Guión: Ignacio Martínez de Pisón
Director de fotografía: José Luis Alcaine
Reparto: Pilar López de Ayala, Verónica Sánchez, Marta Etura, Nadia de Santiago, Gabriella Pession, Félix Gómez, Fran Perea, Asier Etxeandía...
Sinopsis: El 1º de abril de 1939, con la entrada en Madrid de las tropas de Franco, termina la guerra civil española. Temiendo la sangrienta represión que se avecinaba, muchos republicanos huyen del país pero otros no pueden o no quieren. Como las jóvenes muchachas protagonistas de esta historia real.
Franco promete que solamente serán castigados los que tengan las manos manchadas de sangre. Y ninguna de esas chicas las tiene. Como Carmen, por ejemplo, de 16 años, que militaba en las Juventudes Socialistas pero nunca tuvo arma. Ni su amiga Virtudes, que servía en casa de unos nuevos ricos franquistas y pasó la guerra dando de comer a ancianos y niños en el Socorro Rojo. O Julia, una cobradora de tranvías, que se había afiliado a las Juventudes Socialistas para poder hacer deporte en las instalaciones de la sede.

La película estaba basada en el libro "Trece rosa rojas, La historia más conmovedora de la guerra civil ", del autor Carlos Fonseca.
Trece chicas, siete de ellas menores de edad ejecutadas no por criminales ni ladronas, sino por sus ideas. "Que mi nombre no se borre de la historia", esa fue la última frase de la carta que escribió Julia Conesa, el 5 de agosto de 1939, el adiós a su familia. "Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar". Julia Conesa. "Besos para todos, que ni tú ni mis compañeras lloréis". "Que mi nombre no se borre de la historia".


En el capítulo I. La saca (En la saca del 24 de junio de 1939 fueron fusiladas102 personas. Manuela y Teresa Guerra fueron las únicas mujeres), dice la compañera, la amiga, la desconocida. La sensación era de agobio y de miedo, de rabia por las mujeres que iban a morir. Nadie dormía en una noche de "saca". Y qué decir de quienes escuchaban su nombre y apellidos, que retumbaban como un eco.
Habían sido condenadas a la pena capital en consejos de guerra sumarísimos de urgencia, pero los días que transcurrían entre la vista en el Palacio de las Salesas y el "enterado" del Caudillo suponían un horizonte de esperanza. Cada jornada que pasaba era un día ganado a la muerte, a la que soñaba con esquivar para siempre con peticiones de indulto que conmutaran el piquete de ejecución por treinta años de reclusión. Toda una vida entre rejas, pero vida al fin.
Ese 4 de agosto hacía tres días había tenido lugar la anterior "saca". Cinco compañeras habían recorrido entonces los escasos quinientos metros en línea recta que separaban la cárcel de mujeres de Ventas, situada en las inmediaciones de la Plaza de Manuel Becerra, del cementerio del Este en un camión que partía de la prisión de hombres de Porlier y paraba en la de mujeres camino de las tapias del camposanto. Cuatro días. Nunca se sabía cuándo habría "saca". No había una regla fija desde que las ejecuciones de mujeres se iniciaron el 24 de junio anterior ,con el fusilamiento de las hermanas Guerra Basanta, Manuela y Teresa.

La "saca" continuó por toda la prisión, hasta que hubo completado la lista. Ventas no disponía aún de una galería de condenadas a muerte y las funcionarias tenían que ir sala por sala buscando mujeres incluidas en las órdenes de ejecución. Los nombres, sus nombres, retumbaron por las galerías, viajaron de boca en boca: " Se llevan a las menores". Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Julia Conesa Conesa, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibáñez, Blanca Brisac Vázquez y Adelina García Casillas. Trece mujeres sin esperanza.
Como una procesión sin santo fueron conducidas a capilla, en realidad el salón de actos reconvertido en una especie de sala de espera hacia la muerte. Una talla de la Virgen del Carmen al frente y un crucifico y un ecce homo en los laterales hacían las veces de altar. Allí las esperaba don Valeriano, el capellán de la prisión, para hablarles de la otra vida, ahora que estaban tan cerca de agotar la que apenas habían tenido tiempo de vivir. Una a Una cumplieron con el rito de la confesión, obligatorio para poder escribir una última carta a la familia y pedir la presencia de una interna elegida por ellas, que hacía las veces de albacea de sus últimas voluntades y escasas pertenencias. Joaquina López Laffite reclamó a sus hermanas, Lola y María, presas también en Ventas. La primera con veinte años de reclusión por delante y la otra con seis. También acudieron Juanita Corzo, una de las presas comunistas de mayor experiencia, que n 1934 había participado en la fundación de la Agrupación de Mujeres Antifascistas; Dolores Freixa, funcionaria de esta misma cárcel con la República y ahora interna más; la socialista María Lacrampe, Antonia García...Dispusieron de quince minutos para despedirse.

Carta sin fecha de Blanca Brisac a su hijo Enrique García Brisac; ( la carta has ido facilitada al autor por Enrique García Brisac, hijo de Blanca)
"Querido, muy querido hijo de mi alma. En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy.
"Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío.
"Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador. Sigue el ejemplo de tu papachín. ¿Verdad hijo, que en mi última hora me lo prometes? Quédate con mi adora Cuca (el diminutivo con el que llamaba a su madre) y sé siempre para ella y mis hermanas un hijo. El día de mañana, vela por ellas cuando sean viejitas. Hazte el deber develar por ellas cuando seas un hombre. No te digo más. Tu padre y yo vamos a la muerte orgullosos. No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré hasta mi presencia ante el piquete. Yo sí lo hecho.
"Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre. Blanca."
Misiva concluía con una posdata que decía: "te envío, hijo, una de mis trenzas. Guarda mi libro de misa y una pajarita que te envió, y mis medallas".

LAS TRECE ROSAS
Barrero Aguado, Carmen. Veinte años. Modista. Cuarta por edad de los nueve hijos de una modesta familia del barrio de cuatro Caminos. Su padre murió años antes de que estallara la guerra, dejando a su mujer y a sus hijos en una precaria situación económica, que obligó a Carmen a trabajar desde los doce años. Militante PCE, en el que era conocida como Marina, utilizaba la identidad falsa de Carmen Iglesia Díaz. Tras el final de la guerra su amigo Francisco Sotelo Luna le propuso continuar con el trabajo clandestino como responsable femenina del partido en Madrid, y como tal elaboró un plan de trabajo para las mujeres.
Barroso García, Martina. Veinticuatro años. Modista. Militante de la JSU, durante la guerra cosió en uno de los talleres de la Unión de Muchachas, confeccionando ropa para los soldados. Tras el final de la contienda fue captada por Julián Muñoz Tárrega para que se incorporara al sector de Chamartín de la Rosa.
Brisac Vázquez, Blanca. Veintinueve años. La mayor de tres hermanas, hija de un próspero empresario francés. Casada con Enrique García Mazas, a quien conoció en la banda de música en la que tocaban a pie de pantalla en el cine Alcalá para Amenizar las películas mudas. Él tocaba el violín y ella el piano. El matrimonio tenía un hijo, Enrique, de once años de edad en 1939. No militaba en ninguna organización política.
Bueno Ibáñez, Pilar. Veintisiete años. Modista. Al poco de iniciada la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en una de las numerosas casa-cuna abiertas para recoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. Fue elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del partido y nombrada secretaria de organización del Radio Norte. Al acabar la guerra fue contactada por Federico Bascuñan para colaborar en la reorganización de los comunistas y encargada de crear ocho sectores en la capital : Norte, Sur, Este, Oeste, Chamartín de la Rosa, Guindalera, Prosperidad y Vallecas.
Conesa Conesa, Julia. Diecinueve años. Modista. Se afilió a la JSU a finales de 1937 para seguir sus cursos de gimnasia y deportes. Durante la guerra trabajó como cobradora de tranvías.
García Casillas, Adelina. Diecinueve años. Era conocida como la mulata por su piel morena y sus labios gruesos. Amiga de Julia Conesa y militante también de la JSU. Una vez encarcelada trabajó como cartera en la prisión de ventas.
Gil Olaya, Elena. Veinte años. Ingresó en la JSU en 1937. El final de la guerra le pilló en Murcia, desde donde regresó a Madrid a primeros de abril de 1939. Una vez en la capital su amigo Rafael Muñoz Coutado le propuso continuar trabajando para el partido. Se integró junto a Victoria Muñoz en uno de los grupos creados en el sector de Chamartín de la Rosa que era dirigido por Sergio Ortiz.
González García, Virtudes. Dieciocho años. Modista. Se afilió ala JSU al poco de estallar la guerra. Su novio, Valentín Ollero, fue nombrado responsable del Radio Oeste de las juventudes al acabar la contienda y ella hizo de enlace entre éste y la dirección madrileña de las mismas.
López Gallego, Ana. Veintiún años. Modista. Era la mayor de cuatro hermanos. Militante de la JSU, durante la guerra fue secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa. Tras la entrada de las tropas nacionales en Madrid su amigo Julián Muñoz Tárrega le propuso que se reincorporara a las Juventudes como miembro de un grupo dirigido por Sergio Ortiz del que también formaba parte otras tres "rosas": Martina Barroso, Victoria Muñoz y Elena Gil Olaya.
López Laffite, Joaquina. Veintitrés años. Lamás pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. Se afilió a la JSU en septiembre de1936, y tras acabar la guerra fue nombrada secretaria femenina del Comité Provincial clandestino.
Manzanero Salas, Dionisia. Veinte años. Tercera por edad de los seis hijos de una familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre era militante de la UGT. Se afilió al PCE en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana pepita y a otros niños que jugaban en un descampado próximo al domicilio familiar. Amiga de Pilar Bueno, al acabar la guerra fue elegida para que hiciera de enlace entre los dirigentes del partido que quedaron en la capital.
Muñoz García, Victoria. Dieciocho años. Pertenecía a la JSU desde 1936. Al acabar la guerra se encontró con su amigo Julián Muñoz Tárrega, quien la incorporó al grupo que dirigía Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa.
Rodríguez de la Fuente, Luisa. Dieciocho años. Sastra. Ingresó en la JSU en 1937, donde nunca ocupó cargo alguno, hasta que al acabar la guerra Julián Muñoz Tárrega le propuso crear un grupo que ella misma debía dirigir. Cuando fue detenida tan sólo había tenido tiempo de convencer a su primo Isidro Hernández de la Fuente.
Escrito por: Alejandra Arce 4 comentarios 15 Sep 2007 URL Permanente
4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Jesús dijo
Porque España esta llena de HP....
...de aquellos polvos vienen estos lodos
Ónice dijo
Imposible no dejarse arrastrar por la pena...
Se me han saltado las lágrimas con la carta, y pensar que todo esto es real hace que sea aún más doloroso...
No puedo entender porqué la gente no pudo ni puede aún comprender las injusticias cometidas en esa época terrible de nuestro país. Ni que todavía haya gente que apoye estos horrores, sean por la ideología que sea.
Me encantaría ver la película, pero sé que sufriré mucho y tendré que armarme de valor, porque soy muy cobarde a la hora de ver estas cosas, aunque sea en el cine o la televisión...
Un post bueno como siempre, Alejandra. Muchos besos.
Virgoño De Villalegua dijo
¡Hola, gran Aejandra!
Estupendo post, muy currado, como todos los tuyos. A ver si algún día aprendo a poner fotos a discreción para colgar posts como este; de momento sólo se poner una. Garcia Lorca fue asesinado y no tenía delitos de sangre. A Miguel Hernández le dejaron morir en la cárcel. Y lo mismo con miles y miles de inocentes. Franco y su camada de mafiosos eran unos grandísimos hijos de la gran puta, por mucho que ahora ciertos seudohistoriadores cagones se empeñen en ofrecérnoslo con otra imagen. Y su "señora", "la señora de Meirás", era una zorra repugante, no tuvo ni tan siquiera la "caridad cristiana" - y era de misa y comunión - de interceder ante su marido para que anulase penas de muerte. En fin, me parece genial que se escriban novelas y se hagan películas para no olvidar lo que nunca debemos olvidar. ¡Un abrazo amiga!
jordi dijo
Felicidades por el post. Una gran historia, un gran libro y una gran película. Que sirva de ejemplo para que algunos ABRAN LOS OJOS


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