"En el olvido están  los  recuerdos"

 Un armario lleno de  sombra:

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 Antonio Gamoneda, poeta. Nació en  Oviedo el 30 de mayo de 1931. Junto a su Madre, Amelia  Lobón  se traslado a León para  refugiarse  del horror  y la miseria  de la guerra y posguerra. En 1936  aprendió a leer   a través  de un  libro que  escribió su padre poeta en 1919,  "Otras más alta vida". A los 14 años  empezó a  trabajar como  recadero en el  en el Banco Mercantil. Mientras  trabajaba  en el banco tomó contacto  y fue  parte de la resistencia al franquismo.  Se dio a conocer poéticamente con "Sublevación inmóvil (1953-1959), publicado en Madrid en 1960.

Entre sus obras se destacan; "Descripción de la Mentira" 1977 y 1986, "León de las miradas" 1979 y 1990, "Blues castellano" 1982, "Lápidas" 1986, "Edad", 1988, "Libro del frío" 1992, "Libro de  los venenos", 1995, "¿Tú?, 1998, "Sólo luz", 2000 y "Cecilia", 2004.

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 "No sé si  la voluntad  de escribir sobre  mi infancia- de escribir mi infancia- tiene alguna  causa. El olvido progresa en mí  y se hace  parte de un silencio intelectual que fugazmente, me proporciona algo parecido a un bienestar. Un bienestar vacío.

En el olvido están  los  recuerdos. Advierto que  mi aprendizaje de vejez  no es  otra cosa que la forma que adoptan ahora en  mí el pasado y sus sombras", así relata  Antonio Gamoneda  en su  libro "Un armario lleno de sombra".

El poeta Antonio Gamoneda evoca sus recuerdos de infancia y juventud, marcados  por la Guerra Civil  hasta el día antes  de cumplir  los  catorce años.

El origen del libro  "Dos años  después de la muerte de  mi madre abrí las puertas de su armario. Metí la cabeza  y sentí el olor de  mi madre viva. Fui sacando del armario cosas, objetos, escritos, humildes joyas. Eran de otro tiempo. Y ponían delante de  mí un tiempo que un involuntario olvido había encubierto".

Los objetos  del  armario estimularon  una secuencia de  recuerdos que, poco a poco, se convirtió en narración e historia. El resultado el libro.

La figura del padre "Había sufrido un ictus cerebral y  pidió a su esposa que le inyectase una dosis de  morfina, a la que había sido adicto durante años. Mi padre ordenó a mi madre que le inyectase una concreta dosis de Pantopón. Hubo un breve diálogo que mi madre  me  repitió siempre con las   mis palabras: No, Antonio, puede hacerte daño, no. Y la contestación de  mi padre: Prepárate entonces  para ver  sufrir. Amelia  no dijo nada  más;  extrajo  la solución y  le inyectó. Pronto mi  padre entró en un sueño del que ya  no  despertaría".

"Escribir  este libro, ajeno a ficción aunque en algún  momento  haya  podido  ser tomado  por el pensamiento  poético ( el pensamiento  poético, que no es ficción;  no  procede  aquí  entrar  a razones  sobre este convencimiento), el pensamiento poético, decía, es en mí, lo quiera o no, una forma de existir; no puede  falsificar la realidad  biográfica: es parte de ella; penetrar  en el  olvido  y hacer  intelectual  y sentimentalmente presente lo  que parecía  no estar ya  en mí  ni en nadie; reunirme, desnudo  y  único, con un yo  mismo que,  a la vez, es  un extraño, ha  resultado ser,  mucho  más que un ejerció  literario, un  hecho vivido, duro, desconcertante  en  muchas  ocasiones y, finalmente, asumido como  lo que he dicho, como  un hecho  más  en  mi vida".