En memoria de José Saramago les dejo uno de sus tres últimos libros...
"Las intermitencias de la muerte": (Editado, noviembre de 2005)

José Saramago escritor portugués. En 1947 publicó su primera novela, "Tierra de pecado", reeditada en Portugal coincidiendo con los cincuenta años de su publicación, a finales de los sesenta se publicaron dos libros de poemas: "Los poemas posibles y Probablemente alegría". En 1975 pública su último libro de poesía "El año de 1993". Todos ellos están recogidos en el volumen de "Poesía completa" editado este año por Alfaguara y que en la actualidad editada la "Biblioteca José Saramago", que recoge todos los títulos del autor.
El trabajo literario de José Saramago contempla la novela "Memorial del convento" (1982), "El año de la muerte de Ricardo Reis", "La balsa de piedra" (1986), "Historia del cerco de Lisboa" (1989), "El Evangelio según Jesucristo" (1991), "Casi un objeto" (1994), "Viaje a Portugal" (1995), "Ensayo sobre la ceguera" (1996), "Todos los nombres" (1999), "La caverna" (2001), "El hombre duplicado" (2003) y "Ensayo sobre la lucidez" (2004).
A sus 83 años, José Saramago le parece una vida muy corta, pero como tiene salud no siente 83 años. Vive como si tuviera 75 años que es una edad estupenda o como si tuviera 62 años que tampoco esta mal. A veces se siente como si tuviera 18 años, es como se dice en España es la hostia, señala con sentido del humor, el Premio Nobel de Literatura 1998 en la presentación de su nuevo libro "Las intermitencias de la muerte", a través de las nuevas tecnologías en la capital portuguesa ofreció una videoconferencia desde el Instituto Cervantes de Lisboa, en conexión directa con la sede del Cervantes en Madrid. "Prefiero a las personas en carne y hueso" decía Saramago tras una larga charla con medios internacionales vía pantalla de plasma.
La novela "Las intermitencias de la muerte" ha sido editada simultáneamente en Alfaguara, en castellano; Edicions 62, en catalán, Einaudi, en italiano y Caminho en portugués. El escritor habló de literatura, de vida, de muerte y de política con todos los asistentes al otro lado de la pantalla.
"Al día siguiente no murió nadie". Éste es el punto de partida de la novela: En un país imaginario (sabemos que tiene una monarquía constitucional, que carece de mar, tiene diez millones de habitantes, limita con tres países y poco más), un primero de enero, la gente deja de morir. De la anciana reina madre abajo, ninguno muere. A primera vista el suceso parece feliz sin el menor reparo: no morir, ese viejo sueño de la humanidad. Si embargo, los problemas se presentan muy pronto. Que la gente no muera trastoca la economía a la religión, pasando por la convivencia familiar. Porque los enfermos terminales, como la reina madre, no mueren pero tampoco mejoran.
Así que no son pocos a los que se les arruina el negocio, empezando por las funerarias y la iglesia Católica, cuya base es la administración del más allá, y siguiendo por las compañías de seguros. Además, los hospitales se colapsan de enfermos que no van ni para atrás ni para adelante, con lo que éstos son devueltos a sus familias.
Mientras las altas instancias, políticas y religiosas, van de acá para allá desesperadamente emitiendo comunicados y capeando la situación, la gente empieza a tomar decisiones por su cuenta, quienes viven en zonas fronterizas del país empiezan a trasladar a esos familiares al país vecino en el que las leyes de la vida y la muerte siguen siendo las de siempre, con toda esa tensión. La muerte decide reanudar su actividad milenaria. La gente va a volver a morir; no sólo eso, sino que sabrá la fecha del final de su vida. La muerte envía cartas a los humanos en las que se les comunica el plazo que les queda, que es siempre de siete días. Uno de los destinatarios de la carta, un hombre humilde se niega a recibirla. La muerte tiene que encargarse personalmente del caso. Aquí el relato cobra una nueva dimensión sugerente, divertida y emocionante, donde el lector deberá descubrir.
Sobre la novela, el escritor afirma que "la ironía continúa presente, es agresiva, pero yo soy irónico como escritor. Ahora he introducido el humor con el que uno se ríe". En ella el escritor reflexiona con un humor sobre la imposibilidad de ser inmortal: la muerte es un gran negocio, y no siempre limpio; es difícil imaginar una vez extrema, y las religiones cristianas se alimentan de la muerte, dice Saramago.
"Toda mi obra parte de una improbabilidad y de una imposibilidad" y en esta ocasión se hace él mismo una pregunta: "¿y si la muerte dejará de matar a alguien?". A partir de este argumento, analiza el funcionamiento de la sociedad, enfrenta la muerte con determinadas personas, plantea las relaciones humanas..., todo utilizando el mundo de la imaginación y la vida de los otros me parece más interesante que la mía".
A pesar de que la muerte sea el tema central de esta obra, José Saramago asegura que no se trata de una fuente de inspiración en sus novelas, sino que aparece con naturalidad porque la muerte "la muerte la llevamos nosotros dentro" y cree que "tenemos que morir para dejar vivir a otras generaciones".
Tampoco deja que la muerte ocupe su pensamiento y espera estar bien unos cuantos años. "No le tengo miedo a la muerte. No vivo con esa preocupación. No pienso en ello, porque tengo mucha cuerda para vivir el día a día para que llegue la muerte a buscarme. Estoy consciente de estar ahí".
Por eso, señala que lo mejor es que cada uno piense en lo que tiene que hacer en esta vida, "sin pensar en lo que quedará en el futuro de nosotros", porque "uno es lo que hace y cambiará según lo que está haciendo".
José Saramago confesó que "cuando muera entraré en la nada sencillamente en la nada, me disuelvo en átomos, es todo lo que llevo dentro y se acabo. Hasta el día que se acabe incluso la tierra, la especie humano y la galaxia. Todo terminará pasaran miles de millones de años hasta que eso ocurra, pero ocurrirá. Cuando ocurra no habrá dios para decir, donde esta eso que he creado con tanto amor, se supone con tanto dolor, para la vida infernal que vivimos en la tierra, mejor que no estuviéramos aquí, además el universo no sabe que nosotros existimos".
Vivir eternamente en la tierra, enfatiza el autor de "El año de la muerte de Ricardo Reis" que sería el peor de los castigos, "porque si nosotros viviéramos eternamente eso significaría que seríamos eternamente viejos no solamente eternamente viejos, sino más viejos. "Una vida eterna no sé donde llegaría, por lo tanto mejor esperar que llegué el momento tranquilamente" y resalta el escritor que "vivir eternamente en el cielo. A mi gustaría saber de que estamos hablando, cuando hablamos del cielo, como se sabe no soy creyente, no creo en dios no entiendo como se puede creer en dios, porque un universo sus limites se encuentran en tres mil millones años luz. La verdad que es muy difícil de plantear la posibilidad la existencia de un cielo. En la galaxia hay dos mil millones de estrellas y el sol es una de estas nada más. ¿Habría que preguntar, porque ha creado dios el universo?
Escrito por: Alejandra Arce 16 Nov 2005 URL Permanente


























